Aloe Vera La planta que cura Oriente y África


Aloe Vera
La planta que cura
Oriente y África
Los beduínos de la península arábiga y los guerreros tuaregs
del Sahara conocen las virtudes del áloe, que llaman “Lirio del
Desierto”, desde la más remota antigüedad. Para proteger sus
moradas, los habitantes de Mesopotamia adornaban sus puertas
con hojas de áloe. En caso de epidemia o de escasez, los parsis
y los escitas tenían la costumbre de alimentarse con pulpa de
áloe. Como acabamos de ver, la isla de Socotra, en el océano
Índico, fue reconocida por sus plantaciones de áloe medicinal
desde el siglo V a. J.C. Sus habitantes exportaban los extractos
de esta planta (musabbar) hasta China (alo-hei), pasando por la
India, Malasia y el Tibet.
La iniciación a las virtudes medicinales y a los poderes del
cáñamo y del áloe formaba parte de la enseñanza de la secta
ismaelita, de la cual uno de los primeros y más ilustres
representantes fue el médico y filósofo Avicena, en el que se
inspiró Hassan ibn al-Sabbah, el famoso “Viejo de la
Montaña”, jefe de la cofradía de los Asesinos. Esta doctrina
incluía el aprendizaje progresivo de los arcanos de los “siete
sebayah” o “conocimiento del camino recto”, por medio de la
cual los ismaelitas otorgaban poderes mágicos a sus adeptos. El
áloe, que figura junto al cáñamo entre las plantas cultivadas
alrededor de la fortaleza de Alamut (norte de Persia), era
considerado por los ismaelitas como vulnerario*, antídoto y
elixir* de larga vida al mismo tiempo. Se dice que uno de los
secretos de la longevidad de los Templarios residía en el
famoso elixir de Jerusalén, elaborado con hachís, pulpa de áloe
y vino de palma.
Ocho siglos más tarde, Dominique Larrey, cirujano jefe de
los ejércitos de Napoleón, iniciado por un marabuto al que veía
curar milagrosamente las heridas más terribles infligidas a sus
mamelucos, aprendió a curar a los veteranos de la “Grande
Armée” gracias a la pulpa de las hojas de áloe abiertas a
sablazos. De ahí la expresión militar francesa: “sabrer
l'aloès”(4) (Archives du Val-de-Grâce).
La medicina basada en la Ayurveda (5) de la India siempre
tuvo en mucha estima al áloe, en tanto que parte integrante de
la farmacopea hindú. Al ser considerado como planta sagrada,
participaba en los rituales de sacrificios, y algunas de sus
especies eran rigurosamente protegidas. Actualmente aún se
ponen encima de las hogueras funerarias hojas de áloe, símbolo
de renacimiento y de eternidad.
Fuente: Marc Schweizer
Aloe Vera
La planta que cura
Tradución Anna-Maria Ascolies