Leyes absolutas y no teorías

Medicina Natural al Alcance de Todos
MANUEL LEZAETA ACHARAN
Leyes absolutas y no teorías
La medicina de la naturaleza, según mi doctrina, se fundamenta en leyes absolutas, su verdad y eficacia se comprueba con las revelaciones del iris de los ojos y con las reacciones orgánicas regidas por las mismas leyes inmutables.
Utilizando la ley física de los vasos comunicantes explicamos cómo se realiza el establecimiento de la normalidad funcional del organismo. En nuestro cuerpo existen dos vasos comunicantes: la red de capilares de la piel y la red de capilares de las mucosas que tapizan las cavidades internas del organismo. Cuando sube la sangre (congestión por vaso dilatación en la red capilar de la piel),
baja la plétora sanguínea en la red capilar de las entrañas por anemia y viceversa. Esto se realiza
por reacción nerviosa y circulatoria mediante conflicto térmico. Naturalmente, la salud depende de
que se mantenga el nivel en estos vasos comunicantes ya que la sangre lleva calor.
Como revela la Iridiología, todo proceso morboso de los órganos internos es siempre de naturaleza congestiva. Y en la misma proporción en que aumenta la cantidad de sangre en el interior del cuerpo, disminuye la actividad circulatoria en la piel y las extremidades. Como la sangre sigue a la temperatura, si refrescamos el interior del vientre generando calor en la piel, al mismo tiempo descongestionaremos los órganos enfermos y activaremos las funciones de la piel eliminado lo malsano por sus poros. En otros términos, congestionando la piel mediante una reacción nerviosa y circulatoria despertada por el conflicto térmico con el frío, descongestionamos las mucosas que tapizan las cavidades internas del organismo.
Así se explica que las dolencias se curen mejor por fuera que por dentro del cuerpo, a la inversa de lo que pretende la medicina medicamentosa. Volvemos a ver los caminos opuestos seguidos por esa medicina y mi doctrina. La primera medicina es "quita-dolores", la segunda es medicina "regeneradora".
5/ TEMPERATURAS EN EL CUERPO HUMANO
Nuestro cuerpo tiene dos envolturas: la externa, nos aísla del ambiente que nos rodea y se llama piel, y la interna, que cubre las cavidades interiores del organismo, se llama mucosa. La salud depende del Equilibrio Térmico sobre la piel y mucosa.
La circulación sanguínea, resultado de la actividad nerviosa, determina la temperatura del cuerpo, la cual será normal, de 37 grados centígrados, cuando la sangre circule uniformemente por él.
Toda alteración circulatoria origina y mantiene en el organismo congestiones y anemias con alteración de su Equilibrio Térmico. La temperatura de la zona congestionada será mayor y la de la
zona con deficiente circulación será menor.
Como revela el iris de los ojos, mientras mayor es la congestión en las entrañas, más deficiente es la circulación de la sangre en la piel, las extremidades y el cerebro. Este es el desequilibrio térmico que caracteriza a todo estado de alteración de la salud, independiente de sus síntomas particulares.
En las afecciones agudas, la fiebre o calentura, cuyo origen siempre está en el interior del vientre,
propaga a todo el organismo, manifestando reacción saludable de las defensas naturales que procuran la purificación orgánica.
La fiebre interna, que no sale a la superficie del cuerpo, es característica de todo enfermo crónico y revela insuficiente defensa del organismo, es causa de desnutrición e intoxicación porque favorece las putrefacciones intestinales.
Mientras que la fiebre que sale a la superficie del cuerpo manifiesta reacción salvadora, la fiebre interna que enfría la piel y las extremidades denuncia deficiente actividad orgánica, vale decir,
debilitamiento de la energía vital del cuerpo.
El hombre es el único ser de la creación que vive desequilibrando las temperaturas de su cuerpo
En efecto, el vestido inadecuado debilita la piel y los alimentos indigestos afiebran las entrañas. La piel, continuamente substraída al conflicto térmico que las atmósferas nos ofrece, se debilita
progresivamente y se enfría. Las ropas inadecuadas le ahorran a, cuerpo la necesidad de producir
constantemente calor propio, mediante un activo riego sanguíneo de la piel. Por otra parte, los alimentos cocinados e indigestos, al exigir un extraordinario y prolongado esfuerzo digestivo,
congestionan las mucosas y paredes del estómago e intestinos, aumentando la temperatura
interna del cuerpo a expensas del calor de la piel y sus extremidades.
El trabajo forzado y prolongado que exige al estómago e intestinos el procesamiento de alimentos
inadecuados provoca una reacción nerviosa y circulatoria que sube la temperatura interna del cuerpo a expensas del calor externo, por debilitamiento de esas mismas actividades de la piel que se rodea de calor prestado por abrigos que la sustraen al conflicto que la atmósfera le ofrece a todo ser viviente.

Fuente: Medicina Natural al Alcance de Todos
MANUEL LEZAETA ACHARAN
Proyecto Digitalización:
- Instituto Estudios Salud Natural de Chile
- Eco-Granja-Hôma de Olmué Digitalizado en el
2005/2006 por: Pablo Moscoso A.